A un mes del próximo Paro de Mujeres, Trans y Travestis, ANSOL dialogó con Natalia Quiroga Diaz, economista feminista y especialista en economía social.

Fuente ANSOL

Natalia Quiroga Diaz es economista de la Universidad Nacional de Colombia y Magister en Economía Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Actualmente es Coordinadora académica de la maestría de economía social de esa universidad y Co-coordinadora del grupo latinoamericano de trabajo Economía Feminista Emancipatoria de Clacso.

“La economía feminista surge como una crítica a la invisibilización de los procesos que sostiene la vida en el  neoliberalismo, es una corriente que discute la manera en la que se ha entendido la economía. El neoliberalismo nos ha llevado a pensar que la economía es solamente aquello que ocurre en el mercado, es decir, aquello donde hay transacciones monetarias y mercantiles. Eso ha sido un mecanismo muy poderoso para invisivilizar todo el amplio mundo de instituciones que hacen que la economía sea posible. La economía feminista denuncia la manera en que todo el trabajo que está vinculado a la reproducción de la vida humana y no humana ha sido considerado como algo extraeconómico”, explicó Quiroga.

Desde esa mirada analiza: “El momento histórico que estamos viviendo muestra como rápidamente en Argentina se activan formas de sostener la vida. Vemos como en los barrios se han venido organizando para la protesta y la denuncia contra el incremento abusivo en las tarifas más elementales en los servicios públicos, pero también para resolver, por ejemplo, el tema de la alimentación y el cuidado. Lo que vemos es que a pesar de que hay un discurso o una cultura reforzada desde el establecimiento que centra el fracaso o el éxito en los individuos, con mecanismos brutales de flexibilización laboral acompañados de un discurso de meritocracia, rápidamente, y sobre todo las mujeres crean alternativas que hacen más vivible la vida y van sedimentando en procesos organizativos que esperemos que en este año tengan la posibilidad de contestar políticamente el despojo que estamos viviendo cotidianamente con la aplicación del paquete de ajuste del Fondo Monetario”

-¿En este contexto qué rol cumplen las cooperativas u otras formas de organización del trabajo?

-Hoy el máximo desafío es como garantizamos la autonomía reproductiva. Es decir, como garantizamos que nuestras condiciones de vida no estén mediadas por procesos de endeudamiento, de tarjeta de crédito. Cómo logramos procesos colectivos que sean sostenibles en el tiempo. Hoy tenemos una economía fundamentada en la deuda que interpela a las personas en clave de consumo y con ello invisibiliza la esfera de las necesidades. De ahí que sea imprescindible combatir la propuesta que tienen las instituciones multilaterales que consisten en que los hogares se endeuden a futuro en base a ingresos que todavía no existen. En contraposición las cooperativas unen en mundo de las necesidades con el mundo del trabajo. Lo que ocurre en los procesos cooperativos es que ahí nos hacemos cargo de que tipo de sociedad producimos con aquello que compramos pero además dejamos de ser consumidores para volver a ser lo que todos somos: personas con necesidades. Desde la economía social se dice: todas las personas tienen necesidades, no deseos de consumo ilimitado. Estas formas de producción enlazan nuevamente el trabajo con los bienes que satisfacen necesidades y eso pone el trabajo en el centro. Y no solamente el trabajo productor de mercancías, también el trabajo que cuida la vida humana. Además, algo muy importante, es que se rompe la separación entre producción y reproducción porque muchas cooperativas producen bienes y servicios, a la vez que en sus espacios se encuentran el bachillerato popular, el teatro, la asamblea barrial etc. Producción y reproducción empiezan a ocurrir en un lugar y con formas más democráticas, eso nos permite pensar en una sociedad distinta, una sociedad en donde existen maneras de participación democrática en lo económico. Si algo ha hecho el neoliberalismo es generar un régimen autoritario que es completamente antidemocrático porque la sociedad no se puede pronunciar sobre lo económico. Lo que hacen las prácticas de la economía social es recuperar esa soberanía sobre la economía y decir: todas y todos podemos hacer una economía sin explotación y sostenible ambientalmente, eso quiere decir que trabajamos con los recursos y capacidades que están en nuestro territorio. Esa clave es la única que puede hacer que una economía sea sostenible.

-¿Qué significa mercantilizar la vida?

-Hay una distopia en la que hay un momento en que los seres humanos tienen que pagar por el aire que respiran. Ese es el norte de las políticas de ajuste estructural. Hoy tenemos miedo de tomar agua, prender la luz, cocinar y aunque dejemos de garantizar el más elemental sustento de bienestar en nuestros hogares aun así las tarifas van a seguir subiendo. Es una forma de terrorismo, las personas viven bajo esa amenaza permanente que se convierte en una forma de control muy fuerte porque hay que hacer cada vez más esfuerzos para vivir en peores condiciones. Los procesos organizativos del feminismo al politizar las condiciones de cuidado de la vida permiten mostrar como los paquetes de ajuste son profundamente patriarcales porque presionan aún más el tiempo de vida de las mujeres para que con recursos cada vez más escasos tengan que inventar estrategias para sostener las condiciones de vida en los hogares y en los barrios. Cuando la vida se pone muy difícil son las mujeres las que salen a la calle a hacer las ollas populares, a reunirse con las vecinas. Lo que hace el movimiento feminista es politizar eso y decir: las mujeres no tenemos por qué estar sosteniendo este paquete de ajuste.

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