Sobre la quita del I.V.A. y el verdadero impacto económico y social

Desde hace ya diez años, nuestro rol es distribuir y comercializar productos de la Economía Social y Solidaria, en su mayoría alimentos, y es por eso que nos vemos en la necesidad y la tarea de comunicar a consumidoras, consumidores y público general, algunas cuestiones respecto a la megadevaluación, producto de la corrida cambiaria de los mercados y el posterior anuncio del gobierno, puntualmente medias como la de la quita del I.V.A. a ciertos productos de la “canasta alimentaria”, que se concretizó en el Decreto 567/2019 (https://bit.ly/33C0LFx).

Si bien el I.V.A. no es lo que propiamente llamamos “costo”, la quita del mismo en un contexto no inflacionario debería impactar en la baja de precios. Pero en este contexto, que lleva ya unos años de mega devaluaciones, dolarización de tarifas de servicios, descontrol de los precios del combustible y peajes por encima de la inflación, impactando directamente en la logística, entre otras, la quita del I.V.A. no es una medida que pueda llevarse a cabo con el objetivo de reducir los precios sino, más bien una “ayuda” para que los mismos no aumenten de manera indiscriminada. Esta medida, erróneamente planteada, es con el único fin de frenar los aumentos especulativos de las grandes concentradoras de producción y distribución de alimentos. Es importante remarcar, como debatíamos la semana pasada en la charla en marco de la presentación del libro “La Dictadura de los Supermercados”, que hace décadas se avanzó en la concentración de la producción de ciertos alimentos esenciales como también en las cadenas de distribución y comercialización, en su mayoría, en empresas trasnacionales que especulan, dolarizan sus ganancias y luego no se ven reflejadas en la economía de nuestro país.

Las cooperativas de trabajo, los emprendimientos productivos, las asociaciones de productores, que somos una parte de la Economía Social y Solidaria, tenemos un compromiso solidario:

no especulamos, no remarcamos porque sí, no aumentamos “por las dudas”. Y realizamos todos los esfuerzos posibles para poder mantener nuestros precios, a costa de nuestro trabajo, pero no es suficiente.

Necesitamos un Estado que pueda reconocernos como un actor importante en la construcción de la economía, generando trabajo digno, cuidando el medio ambiente y garantizando la reproducción de la vida ampliada.

Nuestro trabajo, como el de muchas experiencias del país, se hace necesario y urgente: acortar distancias entre quienes producen y quienes consumen. Invitamos a fortalecer, participar, debatir y accionar en la construcción de otra economía, que nos integre y que construya sociedades más justas y en armonía con la tierra.

 

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